Blanch_Spyres_Perelada26_c.jpg© Miquel González – Shooting

Los misterios de la voz humana

Peralada. 09/08/2026. Festival Perelada. Iglesia del Carmen. Obras de Offenbach, Gounod, Rossini, Puccini, Sorozábal y otros. Michael Spyres, tenor. Sara Blanch, soprano. Giulio Zappa, piano.

El Festival Perelada reunió anoche a dos cantantes en su ‘prime’: el tenor estadounidense Michael Spyres, que viene de cantar Der Kaiser en Die Frau ohne Schatten, en Aix-en-Provence, y la soprano tarraconense Sara Blanch, triunfal Fille du régiment en la Royal Opera House de Londres.

Escoger el repertorio adecuado suele ser, en este tipo de citas, la clave última del éxito. Y ciertamente el programa presentado por ambos intérpretes no tenía la lógica interna que uno habría deseado. Habida cuenta de sus respectivas trayectorias, un recital íntegramente dedicado al bel canto, a Mozart y a la ópera francesa hubiera tenido mucho más sentido. Pero lo cierto es que escuchamos una sucesión irregular de fragmentos de ópera, romanzas de zarzuela y canciones napolitanas, sin un rumbo definido. 

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Sara Blanch celebraba ayer diez años de relación con el Festival Perelada, una entidad que apostó enseguida por su talento y su indudable proyección. Para la ocasión la soprano quiso explorar nuevos territorios, en línea con lo expuesto en la entrevista con ella que publicamos recientemente en nuestras páginas. Optó así la intérprete catalana por fragmentos que abundaban en un registro más central, como la Juliette de Gounod, e incluyendo incluso piezas como las carceleras de Las hijas del Zebedeo, claramente demasiado graves para su desempeño vocal. 

La voz de Blanch se adentra, a buen seguro, en un momento transición, dejando atrás progresivamente el repertorio propio de una soprano ligera pura. Anoche en cambio la voz no terminó nunca de sonar con la redondez que acostumbra, quizá por fatiga tras una temporada tan extensa como intensa, quizá también porque la acústica de la Iglesia del Carmen no es tan benevolente con algunas voces.

Sea como fuere, Blanch dejó muestras de su mejor talento en la extensa y exigente escena de Ophelie en el Hamlet de Ambroise Thomas, en una interpretación teatralizada con más acierto que el despliegue de andalucismo cañí que sobrevino al final de la velada con ‘Me llaman la primorosa’ y con el célebre dúo de El Gato Montés.

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Por lo que hace al tenor norteamericano, de entrada fascina en Michael Spyres el puro mecanismo vocal, la resolución técnica de un instrumento que suena y se proyecta con inusitada naturalidad, como si cantar fuese para él algo tan sencillo y obvio como hablar, sin atisbo alguno de sobreesfuerzo.

La extraordinaria versatilidad de su voz, pasando de Hoffmann a Figaro como si tal cosa, nos habla además de un tiempo, el del siglo XIX, en el que las vocalidades estaban mucho menos definidas, siendo el repertorio algo mucho menos encorsetado.

Spyres ha debutado, en una misma temporada, dos roles tan dispares como Nemorino y Tristan; seguramente no sea el tenor ideal para ninguno de los dos, pero ayer dejó una inmejorable impresión en cada una de sus intervenciones, incluso cuando se adentró por los terrenos del Duque de Mantua en Rigoletto, ya en las propinas.

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El tenor estadounidense se esforzó también con esmero para resolver sus intervenciones en castellano, primero con un ’No puede ser’ de muy buena factura y finamlente con el ya citado dúo de la ópera de Manuel Penella. 

Cumplidor al piano Giulio Zappa, más allá de algún pasaje alborotado en los fragmentos más vertiginosos, y obviando también alguna página de trazo demasiado grueso en el teclado, como en el caso de Granada.

El Festival Perelada ha celebrado este año la edición de su 40 aniversario y la mejor noticia no es solo el hecho de haber llegado hasta aquí sino el compromiso de futuro que la familia y la organización han demostrado este año, garantizando el porvenir de una cita imprescindible en el verano musical español. 

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Fotos: © Miquel González – Shooting